Institucionalícenlo

Comenzamos un nuevo año con cierto optimismo. En lo económico, después de varios inicios de año complejos, el 2011 se asoma con basta buena cara. Recordemos el pasado: 2007, inició con dudas frente al nuevo proyecto político; 2008, inicio del año con fuerte infl ación; 2009, inicio con la crisis internacional y temores de desdolarización; 2010, inició con temores por el fuerte hueco fi scal, sumado a los rezagos de la crisis mundial. Es por eso que en ese contexto, este nuevo inicio de año parece, por ponerlo de alguna forma bastante "benigno".

Ese optimismo general se puede evidenciar también a través de los índices de expectativas de consumo y expectativas empresariales que son medidos por varias instituciones públicas y privadas, y que muestran una mejora signifi cativa desde mediados del año 2010. Entre los empresarios, incluso aquellos más temerosos y recelosos de las políticas adoptadas o anunciadas por el Gobierno, también hay una sensación de optimismo, principalmente porque por primera vez, durante el 2010, se vieron acciones reales de acercamiento a los sectores productivos. A raíz de la crisis del 2009, se percibe un discurso más conciliador, con un lenguaje pro empresarial que no se había sentido antes.

Personalmente, me queda la sensación que sí hay varios Ministerios en los que se hacen cosas interesantes en términos de producción, productividad, emprendimiento e innovación. Sin embargo, no deja de preocupar que ese sea un esfuerzo más individual que colectivo. Hay buenas ideas, hay buenos esfuerzos, hay buenos proyectos pero me sigue quedando la sensación (respaldada en hechos reales) de que todavía no existe un claro proyecto para institucionalizar todos los procesos; menos aún existe un proyecto para traspasar capacidades del sector público hacia el sector privado o académico. Los buenos proyectos funcionan porque tienen gente que los lidera mientras está dentro del Gobierno, pero cuando esas personas salen o cambian de cargo, casi siempre dejan en la orfandad a esos proyectos. No hay continuidad, se repiten los procesos, se vuelven a hacer estudios, y se desperdicia tiempo y dinero.

Por eso, no es casualidad que una característica clave de los países más desarrollados es que tienen instituciones fuertes, para que las ideas y los proyectos no dependan de la presencia o voluntad de que una persona. Claro, crear institucionalidad signifi ca que hay que ceder una cierta cuota de poder, porque implica compartir recursos y transferir conocimiento. Así que ese va a ser un muy interesante reto, para un Gobierno que se ha caracterizado por ganar más cuotas de poder y tratar de hacer todo desde la parte pública; pero ese es un paso indispensable si quieren que las buenas ideas perduren.

Julio José Prado

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