La Navidad mirada desde el consumo y las finanzas

 

No siempre somos conscientes de la gran implicación monetaria de la frase “está barato, deme dos”. En la época de Navidad es usual encontrar grandes descuentos y promociones que nos hacen creer que realmente estamos haciendo un buen negocio, al comprar con precio rebajado o posponer los pagos con plazos diferidos. Por otro lado, también existen las rifas y sorteos que prometen, a través de un golpe de suerte, recuperar lo “invertido” en las compras navideñas.

Antes de emprender el tour de compras de Navidad deberíamos analizar ciertos aspectos de orden de consumo y financiero.

El aspecto de consumo invita a reflexionar si realmente es necesario entrar en la espiral de mantener una “razonabilidad social”. Es necesario preguntarse si efectivamente este impulso de fin de año nos beneficia como conglomerado humano. Seguramente, como en todo, hay perdedores y ganadores. Como ganadores tendremos a los comercios, quienes cumplirán sus objetivos de venta; los colaboradores de los mismos, quienes mantendrán sus puestos de trabajo y comisiones; y el mismo estado, quien recaudará más tributos. ¿Los perdedores? El consumidor que compra artículos cuyo beneficio se desvanece a corto plazo, que generan un gasto extraordinario y muchas veces contraen una obligación a largo plazo. No hay que descartar la otra ficción: “Lo bailado, nadie me lo quita”. Es indispensable pensar en el día siguiente: pasarlo bien o con una resaca que muchas veces dura un año entero. Se deberá considerar que es difícil abstraerse del mundo en que vivimos, pero sí podemos generar conciencia de vivir en él.

Dentro del aspecto financiero hay que analizar necesariamente la disponibilidad de recursos, presentes y futuros para generar estos gastos extraordinarios. Dejarse llevar por la tentación implica que debemos disponer de los recursos, ahorro o gasto programado, en el momento, o saber que dispondremos de ellos en el futuro, o sea deuda. Si disponemos de los recursos en el momento, no tendremos más afectación financiera que entregar nuestro efectivo a alguien más. Pero si nuestra opción es la deuda, debemos asegurarnos que tendremos los ingresos suficientes para honrarla cuando se cumpla el plazo de cancelación. Debemos anotar que los diferidos de la tarjeta de crédito se consideran deuda.

Vistos estos dos aspectos, es muy fácil colegir que la solución se encuentra en no gastar en bienes que no son necesarios o perecederos en corto plazo y cuidar el nivel de ingresos… Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Para poder cumplir con lo anterior me permito sugerir ciertos pasos para lograr, si bien no una cultura financiera extrema, sí una posibilidad de hacer conciencia de la misma.

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EL AUTOR

Galo Pazmiño Luna tiene el grado de Master in Business Administration por el IDE Business School y es Ingeniero Comercial por la Escuela Politécnica del Ejército. Actualmente es Gerente General de Marbise S.A. Ha sido Presidente Ejecutivo de la Distribuidora América Cía. Ltda. Se desempeña como asesor de la Fundación General Ecuatoriana y Supermercado Santa María.

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