Lo que nos deja el 2017 y las expectativas para el 2018

 

Las proyecciones de crisis económica para el Ecuador en 2017 fallaron. A inicios de año, el Fondo Monetario Internacional –FMI– pronosticaba para el Ecuador un decrecimiento del -2.7% y el Banco Mundial y la CEPAL, en cambio, del -0.6%. Hoy ya al cierre del año, el mismo FMI proyecta un crecimiento de tan solo -0.2%. Sin lugar a dudas, mucho mejor de lo esperado por algunos expertos.

El ambiente económico del último semestre refleja optimismo con una recuperación del consumo, un dólar más débil ha ayudado a las exportaciones y, en lo político, se aprecia la menor beligerancia del Gobierno con la sociedad y los empresarios. ¿Se encuentra justificado este optimismo? ¿Nos llevará a un 2018 al menos soportable?

En realidad, poco hay que pueda en el 2018 sostener el optimismo y el consumo. La agenda es demasiado complicada y conflictiva. En lo que vivimos, es en una economía que se resiste a reventar. La rigidez (o solidez) en los roles y relaciones económicas ha impedido un alto crecimiento económico a base de nuevas industrias y productividad, a pesar del boom petrolero. Sin embargo, estas rigideces son las mismas que previenen una debacle económica. Sin embargo, esta situación hace también imposible que se introduzcan mejoras estructurales reales que permitan una recuperación hacia un crecimiento basado en una alta productividad.

Un país en desarrollo como Ecuador debe crecer competitivamente a tasas promedio del 8% anual en su PIB real y con tasas de inflación no mayores al 8% anual. El crecimiento del PIB de Ecuador ha estado los últimos diez años por debajo de este nivel (un 4.3% entre 206 y 2014), aún promovido por los altos precios del petróleo. Consecuentemente, ahora serán urgentes políticas expansivas que sustituyan los ingresos del petróleo y que provoquen incremento de la actividad económica.

Una de las causas del problema actual reside en el fracaso del modelo de cambio de la matriz productiva, que debía generar ganancias importantes en productividad y competitividad. El dinero se puso en el lugar equivocado, promovió el “clientelismo”, al tiempo que se creaban condiciones totalmente hostiles para la inversión interna y externa.

En el momento en que Ecuador no logró convertir la riqueza recibida en mejoras de productividad, la expansión se convirtió en inflación, altos costos de producción y consumo hacia el exterior. Como resultado la situación competitiva del Ecuador es crítica.

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EL AUTOR

José Abel Defina tiene los grados de PhD en Dirección de Empresas por IESE Business School de la Universidad de Navarra y MBA Master en Administración de Empresas por Harvard Business School. Es Abogado y Licenciado en Ciencias Sociales y Políticas por la Universidad Católica de Guayaquil. Es consultor de proyectos de inversión, tanto en empresas públicas como privadas.

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