Ayudar a otros, ¿una espada de doble filo?

 

Imagine que hoy es viernes, 5 de la tarde. Hace 15 minutos le ha llegado un mensaje por Whatsapp de sus compañeros de colegio recordándole que le esperan para acudir al encuentro anual al que usted ha prometido, una vez más, que no faltará. Está tranquilo porque hoy ha aprovechado muy bien el tiempo para terminar las reuniones y enviar todos los correos electrónicos a la hora exacta y llegar sin contratiempo a su compromiso. Todo está saliendo perfecto. Cuando se dispone a apagar su laptop para salir de la oficina… su asistente le pide ayuda: es un tema financiero que usted domina y que es vital para la reunión de directorio que tendrá el lunes a primera hora. ¿Qué hacer? Este es uno de esos momentos en que honrar la palabra dada a sus amigos, la importancia de su trabajo y la cortesía con su colaborador se entrelazan en su mente como un nudo que no se puede desenredar.

¿Qué sucede si triunfa el trabajo y ayuda a su asistente con el tema financiero? Tal vez al final, usted salga de su oficina contento de haber atendido a alguien, entendiendo mejor el problema y teniendo más argumentos para la reunión del lunes… O tal vez, salga cansado porque gastó energía mental en el problema de otra persona y con la sensación de que tendrá que correr a 120 Km por hora para llegar a tiempo a ver a sus amigos. ¡Justo lo que no quería que suceda!

Klodiana Lanaj, profesora asistente de la Escuela de Negocios Warrington de la Universidad de Florida, ha realizado una investigación reciente sobre estas situaciones y encuentra que, en la mayoría de los casos, responder a pedidos de ayuda en el trabajo es una espada de doble filo. Ayudar a un colega o colaborador es vigorizante y motivante, particularmente cuando puede comprobar que su ayuda ha marcado la diferencia. Pero ayudar también puede agotar su espíritu de colaboración al sentir que siempre lo ven como el “buen samaritano”.

¿Cuáles son las lecciones para los que ayudan y para los que buscan ayuda?

Primero, ayudar a los demás puede tener efectos muy positivos que mejoran su relación con los demás y aumentan su credibilidad y liderazgo. Segundo, si bien es cierto que en algunos momentos no es posible dar toda la ayuda que se requiere porque hay otras actividades que lo impiden, sí se puede buscar soluciones de corto plazo y diferir para un momento más oportuno la solución completa. Tercero, siempre se puede explicar con cortesía el deseo de ayudar y al mismo tiempo, la limitación que se tiene en ese momento. De esta manera, si es necesario aplazar la solución para otro momento, el “ayudado” sabrá entender y lo apreciará mucho más.

Quien busca ayuda también puede hacer más fácil aliviar los costos de la ayuda. Primero, evitar buscar ayuda de la misma persona con mucha frecuencia. Segundo, los que buscan ayuda pueden conseguir sus propias soluciones consultando materiales de referencia. Tercero, siempre que nos ayuden hemos de expresar gratitud: cada vez somos menos propensos a expresar agradecimiento en el trabajo que en cualquier otro lugar. La gratitud impulsa al que brinda ayuda a hacerlo cada vez con más gusto.

LA AUTORA

Patricia León González es Master en Dirección de Empresas MBA por el IDE Business School y Licenciada en Sistemas de Información por la Escuela Superior Politécnica del Litoral. Su experiencia profesional se ha desarrollado en las áreas de Operaciones Bancarias, Organización y Métodos y Comunicación Organizacional. Es Directora de Desarrollo Institucional del IDE Business School y profesora de Marketing Personal en la División de Futuros Empresarios de esta escuela.

 

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