Trabajar muchas horas no significa ser más productivo

 

Una colega mía me comentó esta anécdota: hace varios años atrás, cuando ella recién iniciaba su vida profesional, tuvo que realizarse durante una semana un tratamiento dental que empezaba a las 5.30 de la tarde. La hora de salida señalada por la empresa donde ella laboraba era las 5 de la tarde, de tal manera que podía salir del trabajo y alcanzaba a llegar justo a tiempo para su cita con el dentista. Así lo hizo. El último día del tratamiento, a la hora de salida, cuando ella tomó su cartera para irse, escuchó a sus espaldas que uno de sus compañeros le dijo: “Ya tenemos una candidata para ganar el bailejo de oro de este mes”. Recordemos que en Ecuador se denomina bailejo a la herramienta que usan los albañiles para extender y allanar el yeso o la argamasa. La frase era una comparación de la hora de salida de mi colega con lo que hacen los albañiles cuando terminan su día de trabajo, sin quedarse ni un minuto más allá de lo contratado con el maestro de obra.

En muchos ambientes laborales no es bien visto que alguien salga a la hora exacta y, más bien, se valora a quien se queda trabajando hasta dos, tres o más horas después.

Independientemente de los motivos que alguien tenga para trabajar mucho tiempo —jefes demandantes, incentivos financieros, ambición personal—, la sobrecarga de trabajo no ayuda ni a la persona, ni a su familia, ni a la empresa.

Quien trabaja más horas ¿es más productivo? No. En un estudio realizado por Erin Reid, profesora de la Escuela Questrom de Negocios de la Universidad de Boston, los directivos encuestados no pudieron señalar la diferencia entre los empleados que habían trabajado más de 40 horas a la semana y los que simplemente fingieron hacerlo. El estudio no pudo encontrar ninguna evidencia de que los empleados que trabajaron las horas establecidas lograran menos, ni tampoco alguna señal de que los empleados que laboraron más horas lograran una mayor productividad.

Pero hay más. Numerosos estudios realizados por el Instituto de Salud Ocupacional de Finlandia han encontrado que la sobrecarga de trabajo y el estrés resultante pueden conducir a todo tipo de problemas de salud, incluyendo problemas de sueño, depresión, abuso de alcohol, diabetes, problemas de memoria y enfermedades cardiacas. Esto no solo afecta a la salud de los individuos sino que también es terrible para los estados financieros de una compañía, pues lleva al ausentismo, la rotación de personal y costos crecientes en los seguros médicos.

Otros efectos secundarios de la sobrecarga de trabajo son la obstaculización de la comunicación interpersonal, la dificultad para elaborar juicios y el manejo de las propias reacciones emocionales. Incluso si alguien trabaja muchas horas voluntariamente, por el simple gusto de trabajar, comenzará a cometer errores cuando esté cansado. Solo entre 1 y 3 por ciento de la población puede dormir cinco o seis horas por noche sin sufrir alguna pérdida de desempeño. El resto de los mortales, cuando estamos cansados, perdemos la concentración y progresivamente comenzamos a hacer tonterías que, tarde o temprano, se convierten en errores irreparables.

Entonces ¿no se debe trabajar mucho, aunque eso signifique ganarse el bailejo de oro cada mes? No necesariamente. Gran parte de las investigaciones sobre salud ocupacional sugiere también que la gente puede trabajar una o dos semanas de 60 horas para resolver una verdadera crisis. Pero eso es distinto a tener un estilo de vida basado en la sobrecarga de trabajo crónica.

SOBRE LA AUTORA

Patricia León González es Master en Dirección de Empresas MBA por el IDE Business School y Licenciada en Sistemas de Información por la Escuela Superior Politécnica del Litoral.

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