El valor de la RSE en épocas de crisis

 

Hasta hace un par de años, y coincidiendo con la bonanza que vivió Ecuador, no había semana en la que no hubiese un evento o noticia que hiciese referencia a la Responsabilidad Social Empresarial (la llamada RSE). En Quito y en Guayaquil se celebraron múltiples congresos nacionales e internacionales sobre el tema, que obtuvieron un éxito de público notable. Las multinacionales con presencia en el país, las grandes corporaciones locales, las empresas medianas y pequeñas apostaban por comprometerse y mejorar su imagen, tanto con el público externo (clientes, mercado y comunidad de su entorno), como con sus colaboradores. Los discursos de sus CEOs y las Memorias Anuales contenían múltiples referencias que ejemplificaban el comportamiento responsable de sus firmas.  

Sin embargo, con la caída en los precios del petróleo y la llegada de la crisis, el entusiasmo parece haber desaparecido. ¿Qué razones subyacen detrás de este cambio?  ¿Fue una tendencia efímera, propia de un momento puntual de abundancia económica? Si no lo fue, ¿es posible sacar ventajas de la RSE en tiempos de crisis? ¿Puede la RSE contribuir a establecer las bases para una mejor convivencia social y mayor gobernabilidad de las naciones en desarrollo?

¿Moda o necesidad?

Uno de los tópicos más escuchados en torno a la Responsabilidad Social Empresarial es que “se trata de una moda pasajera”. Otro, quizás aún más repetido, es que “la RSE solo es un concepto válido para las grandes empresas”. Ni uno, ni otro constituyen argumentos válidos. Respecto al primero, y atendiendo a la importancia otorgada por los empresarios, agentes sociales e inversores institucionales de todo el mundo, no estamos ante una moda, sino frente a una necesidad genuina. La RSE no constituye una carga, sino que es un factor esencial de supervivencia para las compañías: aquellas firmas que descuiden este aspecto, corren serios riesgos de perder su legitimidad social y, por ende, el papel económico que detentan.

En cuanto al segundo, si bien es cierto que las primeras iniciativas en materia de RSE tienen su origen en compañías multinacionales, la validez de sus principios y el potencial estratégico de su utilización son verificables para cualquier empresa, independientemente de su dimensión. El tamaño, ámbito de relaciones y peso de los stakeholders en las grandes compañías las sitúa permanentemente en el “punto de mira” de las organizaciones no gubernamentales, la prensa, los sindicatos, etc., convirtiendo a la RSE en un elemento más de su estrategia, cultura empresarial y gestión diaria. En el caso de las pymes, su menor escrutinio público y visibilidad no justifica relegar la RSE a un plano secundario. Hacerlo implicaría ignorar las expectativas e intereses de interlocutores esenciales para el buen desarrollo de la actividad de la empresa, con sus consecuentes efectos negativos.

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SOBRE EL AUTOR

Sergio Torassa es MBA por IESE Business School de España y Máster en Dirección de Empresas Turísticas por la Universidad Autónoma de Madrid/La Salle International Graduate School. Es Economista y Chartered Accountat. Fue Profesor de Finanzas Internacionales de la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona-España. Tiene más de 25 años de experiencia en el sector financiero y empresarial, adquirida en posiciones de alta dirección en instituciones en Reino Unido, España, Latinoamérica y Ecuador. Actualmente es socio de Diagnóstico & Soluciones, consultora especializada en reestructuraciones empresariales, con sede en Barcelona, España.

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