Una presentación emocionante pero sin lágrimas

 

Hace poco, una directiva me comentó algo que le había ocurrido. Durante una reunión del Comité Ejecutivo de su empresa convocada para discutir la caída en ventas de un producto recién lanzado, ella hizo una intervención y en el momento en que presentó un argumento —ella consideraba que el problema era el equipo de ventas—, repentinamente fue silenciada por un colega quien enseguida redireccionó la discusión hacia el producto. ¿Por qué lo hizo? Porque ella había proporcionado datos subjetivos con “demasiada pasión” y no había expuesto hechos reales.

¿Está mal hablar con pasión de un problema? No, en absoluto. A veces, cuando el equipo de trabajo está apático o los directivos demoran las decisiones, es necesario que alguien se apasione por el tema para mover a los demás. Entonces, ¿cómo encontrar el equilibrio entre la pasión adecuada y demasiada emoción?

Un mismo tema, expuesto con pasión por un hombre, surte mejor efecto que si lo expone de la misma forma una mujer. En el caso del hombre la pasión se asocia al compromiso con la causa; en la mujer, se lo identifica con el sentimentalismo.

Definitivamente, es necesaria la pasión en el trabajo. Pero hay que saber decantarla en el momento adecuado y comunicarla eficazmente, sobre todo cuando hacemos una presentación.

¿Qué podemos tener en cuenta?

LA INTENCIÓN. Empezar la presentación con un argumento que “despierte” al público y apele a sus sentimientos no está mal. Solamente que debe planearse bien, con anticipación, y darlo en las dosis apropiadas.

LA AUDIENCIA. Conocer bien al público que escuchará nuestros argumentos, sobre todo sus intereses para encontrar el canal de comunicación adecuado. En el caso de nuestra amiga directiva, su público era gente de números y analistas comerciales. Si hubiera empezado a hablar con datos cuantitativos, seguramente habría causado un mejor efecto en la audiencia.

LAS HERRAMIENTAS DE APOYO. Las aplicaciones para hacer presentaciones son un gran apoyo, pero no se debe abusar de ellos. Una lámina llena de números nadie la leerá. Un gráfico impactante y entendible, que muestre lo que estamos diciendo, es el mejor apoyo visual y logrará un mejor entendimiento del problema.

LA COHERENCIA. Si siente pasión por algo, dígalo, pero respáldelo con hechos. La razón y la lógica siempre serán los mejores argumentos en la toma de decisiones.

SOBRE LA AUTORA

Patricia León González es MBA por el IDE Business School y Licenciada en Sistemas de Información por la Escuela Superior Politécnica del Litoral de Ecuador.

 

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