Feliz Navidad… ¿por qué?

 

Como decía Chesterton, “La Navidad tiene que ser rescatada de la frivolidad. La gente está perdiendo la capacidad de disfrutar de la Navidad, porque la ha identificado con el regocijo. Una vez que han perdido de vista la antigua visión de que es por alguna cosa que ocurre, caen naturalmente en pausas en las que se preguntan con asombro si es que ocurre algo de verdad (…) al desechar el aspecto divino de la Navidad y exigir sólo el humano, se está pidiendo demasiado a la naturaleza humana (…) Hoy nuestra tarea consiste en rescatar la festividad de la frivolidad”.

Muchos han intentado clarificar lo divino de lo humano, pues el Santa Claus o Papá Noel, que se celebra en algunos países europeos y en América, se celebra también en el día de Navidad. La tradición de Santa Claus viene de San Nicolás, que se celebra el 6 de diciembre, patrón de los niños, porque en su época salvaba sus vidas y les daba bienes materiales para subsistir. El blanco y rojo de sus vestiduras viene de que Santa Claus era un obispo griego del año 270 después de Cristo. No fue hasta el siglo XX que Coca-Cola recogió esta extendida tradición y le diseñó el uniforme actual y lo comercializó.

Es verdad, San Nicolás es un gran santo, pero la Navidad tiene un significado incomparable, un aspecto divino.

“El cielo no pertenece a la geografía del espacio, sino a la geografía del corazón. Y el corazón de Dios, en la Noche santa, ha descendido hasta un establo: la humildad de Dios es el cielo. Y si salimos al encuentro de esta humildad, entonces tocamos el cielo. Entonces,  se renueva también la tierra.”  (Benedicto XVI, 2007).

“¡La Navidad es un encuentro! Y caminamos para encontrarlo: encontrarlo con el corazón, con la vida; encontrarlo vivo, como Él está; encontrarlo con fe. […] Dejarnos encontrar por el Señor es exactamente esto: ¡dejarnos amar por el Señor!” (Papa Francisco, 2013)

Estamos en medio del Adviento, tiempo de preparación para la Navidad, tiempo de esperanza y alegría. Para ayudar a esta preparación decoramos casas, preparamos regalos… Pero no hay que perder de vista que lo más importante es preparar nuestro corazón para que Jesús vuelva a nacer en él. No nos dejemos llevar por un consumismo y un despilfarro sin sentido, vayamos a lo importante. El regalo más barato y efectivo es el cariño y la atención a  todos los miembros de la familia, empezando por “los más pequeños” de la casa.

SOBRE LA AUTORA

Nuria Chinchilla Albiol es Doctora en Dirección de Empresas y MBA por el IESE de la Universidad de Navarra y Licenciada en Derecho por la Universitat de Barcelona. Autora de libros sobre cambio organizacional, organizaciones familiarmente responsables y conciliación entre vida laboral y familiar, fue nombrada "Mejor Mujer Directiva del Año" por la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE). Es la única mujer incluida en la lista de los "10 Mejores Directivos" de España.

 

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