El reto de una ciudad: Crear desarrollo económico y social desde la cultura

¿Cómo puede una ciudad concebir un modelo de desarrollo económico y social a través de la cultura? ¿Qué se debe hacer para que los jóvenes con ideas vean que éstas pueden convertirse en proyectos empresariales? ¿Qué caldo de cultivo hay que crear para que lo hagan de forma sostenible? ¿Sirven las incubadoras culturales?

 

Estas son las preguntas que nos planteamos para afrontar el reto de cómo favorecer el desarrollo económico y social a través de la cultura.

 

Un grupo de ciudadanos ilustres de una ciudad con un gran legado cultural nos había lanzado este desafío. Estos ciudadanos habían revisado la literatura mundial existente y pensaron que nuestro trabajo de investigación y nuestro enfoque en este sector podían aportarles ideas para su objetivo.

 

Analizada la situación, reformulamos el reto de la siguiente forma: ¿cómo se desarrolla una ciudad económicamente a través de la cultura, si tiene una importante base de ideas innovadoras pero también carencias en el espíritu emprendedor? Nuestra investigación en el sector nos había mostrado ciertos planteamientos singulares de las empresas culturales.

 

Descubrimos que el sector de la cultura tiene una gran fuerza y puede convertirse en un motor de desarrollo económico y social si se cumplen ciertas condiciones. Por ejemplo, las empresas culturales deben entenderse desde la experiencia integral del cliente, relacionándose con otros sectores para desarrollar sinergias.

 

El resurgir de Islandia en los últimos años, por ejemplo, está parcialmente basado en  la cultura como motor económico que apoya la generación de empleo en otros sectores.

 

La iniciativa DESC: desarrollo económico y social a través de la cultura

El Desarrollo Económico y Social a través de la Cultura (DESC) tiene como objetivo extraer el talento latente en una ciudad, desarrollándolo y dándole forma sostenible. La propuesta es la creación de centros físicos DESC, centros que buscan reunir a un grupo de jóvenes de gran talento, cuidadosamente seleccionados entre la población, para que desarrollaren un proyecto cultural generador de riqueza.

 

La formación estará basada en el planteamiento de problemas. La metodología educativa se concentrará en enseñar enseñando, en la asignación de retos, en el desarrollo de la intuición y en la concepción unificada del diseño.

 

Los centros se dedicarán a ayudar a los residentes a organizar sus ideas y a implantarlas de forma duradera. Cada uno acogerá y valorará proyectos muy prácticos que incluyan el diseño, el desarrollo y la construcción de objetos o servicios culturales dirigidos a la población, tanto local como internacional.

 

La modalidad de trabajo estará enfocada a la acción y consistirá en el abordaje, en sus respectivos proyectos, de problemas reales. Las estancias serán de un máximo de cuatro años. Pasarán un tiempo trabajando en un entorno cuidadosamente desorganizado, para desarrollar su creatividad, su proyecto, y para adquirir la capacidad de manejar la innovación.

La metodología de formación de los centros hunde sus raíces en las clásicas escuelas profesionales o gremios. Pero, en su versión moderna, configurado al “cerebro de obra” no a la “mano de obra”.

 

Los centros DESC son espacios de desarrollo de empresas, creadores de tendencias y con proyección mundial, que ayudan a dar forma a las ideas claves del diseño. Adicionalmente, cumplirán una labor social formando a los jóvenes en la acción, para que, tras abandonar el centro, puedan gestionar su empresa de forma indefinida. Los egresados vuelven al centro a ser tutores de otros jóvenes, a contribuir en el desarrollo de la Iniciativa y a aportar su legado personal. Con ello se crea una poderosa red que aporta un gran valor a todos sus miembros. DESC debe ser autosostenible, solo dependiente de su propia capacidad de generar recursos y del mecenazgo privado.

 

Artículo escrito por: Beatriz Muñoz-Seca; Profesora Ordinaria, Producción, Tecnología y Operaciones, IESE
 

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