Cómo conciliar trabajo y familia: Un desafío del siglo XXI

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Cada vez que me preguntan en una clase por los retos más grandes del ser humano en el siglo XXI respondo que es aprender a conciliar el trabajo y la familia. Indudablemente hombres y mujeres enfrentan el reto de realizarse como profesionales, en un entorno competitivo, frío y lleno de exigencias cada vez más altas, y el ideal de formar una familia, en muchos casos dejado en segundo plano y visto como un lastre, un obstáculo que no permite alcanzar los escaños más altos en algunas empresas

Cada vez que me preguntan en una clase por los retos más grandes del ser humano en el siglo XXI respondo que es aprender a conciliar el trabajo y la familia. Indudablemente hombres y mujeres enfrentan el reto de realizarse como profesionales, en un entorno competitivo, frío y lleno de exigencias cada vez más altas, y el ideal de formar una familia, en muchos casos dejado en segundo plano y visto como un lastre, un obstáculo que no permite alcanzar los escaños más altos en algunas empresas.

En realidad no se trata de poner nuestros ideales en una balanza y comenzar a realizar sacrificios, pocos de nosotros podríamos dejar de trabajar un periodo o determinadas horas al día para dedicarle más tiempo a la familia.

Sin embargo, es paradójico que los trabajos nos absorben cada vez más y al mismo tiempo la familia demanda mayor atención, por las condiciones educativas, por las necesidades que enfrentan los hijos, la complejidad social y demás.

Entonces encontramos que el primer desafío de este individuo del siglo XXI es tener claros sus objetivos, entendiendo que las necesidades del ser humano se deben satisfacer de manera integral. No se puede entender la realización de una persona sólo en el ámbito económico, basta con mirar las revistas de farándula, donde hay mujeres y hombres que tienen mucho dinero y aun así no son felices.

Tampoco podemos quedarnos en casa y abandonar todo lo demás para dedicarnos de lleno a la familia, a pesar de que existen personas que tienen esa capacidad de entrega y abandonan profesiones –mujeres en su gran mayoría– por dedicarse al hogar. Se necesita una motivación totalmente trascendente para realizar este “sacrificio” si es que se puede llamar así, pero con toda seguridad se irán encontrando otras exigencias que van a desplazar esta necesidad y terminarán convirtiéndose en prioridad, si la decisión de abandonar algo no se ha tomado desde una perspectiva de realización a largo plazo.

He escuchado varias veces que cualquiera que tenga hijos haría lo que fuera para sacarlos adelante, si es necesario realizaría labores impensables para su condición y estudios. Efectivamente, no tengo duda de que muchos lo harían, pero cuánto tiempo podría llegar una persona a la casa, después de haber realizado una labor que no le gusta, y tener buena cara para llenar ese hogar de felicidad. A este tema se refiere ampliamente Juan Fernando Sellés, filósofo de la Universidad de Navarra: “(…) el que no tiene objetivos es mal sintetizador; los distintos aspectos se reúnen en orden a un proyecto; en el ámbito de la acción es así. Si no se sabe qué se quiere, todo información o comunicación es inútil”.

 

Porque básicamente ese es el reto. Tener la capacidad de ser un profesional fuera de serie y al mismo tiempo incidir en el hogar de manera notable, siendo gentil con la pareja, escuchando a los hijos, participando en las decisiones y teniendo cabeza para planificar el siguiente día.

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