Empresa vs. Familia: ¿Cómo administrar mejor su tiempo?

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Gracias a la investigación de dos años para mi último libro “10 claves para un directivo exitoso”, pude extraer varias conclusiones interesantes respecto de las preocupaciones más recurrentes entre los ejecutivos de la primera línea directiva. Una de ellas es el equilibrio entre el hogar y la oficina.

Me di cuenta de cuánta gente se cuestiona incesantemente si son buenos padres y, en ocasiones, hasta hay quienes atraviesan serias crisis de culpabilidad al creer que no están cumpliendo a cabalidad con su labor de esposos, mientras cosechan un gran brillo profesional.

Una de las 20 entrevistas que realicé a empresarios de 13 países de la región me dio muchas luces sobre este tema. Las palabras de Hernando Parrott, vicepresidente de Desarrollo de Nuevos Negocios para América Latina de la firma Open Systems, fueron tajantes al respecto: “El tiempo es un recurso finito. Las cosas importantes de la vida familiar ocurren cuando ocurren, no cuando uno tiene tiempo”. Para él, aquello del tiempo de calidad es una trampa de pensamiento, un bálsamo para el alma, no más que una herramienta de autocompasión. Sus palabras aún me retumban en la cabeza: “Las cosas ocurren cuando ocurren, no cuando uno tiene tiempo”.

Estoy seguro de que muchos de nosotros nos hemos perdido eventos importantes del desarrollo y crecimiento de nuestros hijos, tal vez sus primeras palabras, sus debuts en torneos deportivos o su participación en concursos académicos. ¿Se han sentido mal después al ver sus rostros de decepción por nuestra ausencia? ¿Se han preguntado si la decisión correcta hubiera sido dejar la oficina y estar junto a ellos? ¡Qué difícil responder!

Sin duda, el equilibrio entre la vida familiar y empresarial es un reto constante. Y no creo que nadie tenga recetas concluyentes al respecto. Lo importante es tener claro qué queremos obtener de cada una de ellas. Es innegable que al inicio del ciclo ejecutivo, cuando las personas bordean los 30 o 40 años de edad, el desempeño profesional tiene especial interés porque es la época de sembrar, de invertir.

En ese contexto, dedicarle tiempo a la empresa no es un problema per se, sino que las cosas se complican cuando los límites empiezan a difuminarse por no saber cuándo decir no.

Pese al reto que esto implica, he visto a varios amigos y colegas tener algunas normas de vida que les han ayudado a mantener un sano equilibrio entre la empresa y la familia, así que quisiera compartirles sus recomendaciones:

  1. Tenga hora de entrada y de salida. Muchos ejecutivos se sienten mejor mientras más larga es su jornada. A veces, eso alimenta la idea –equivocada- de laboriosidad extrema. No se deje seducir por esta idea. Las personas más eficientes son quienes tienen hora de entrada y de salida, pues se obligan a cumplir con todos los pendientes en ese período. No olvide que trabajar fuera de horario no siempre es signo de dedicación, puede ser simple desorganización.
  2. Los fines de semana son sagrados. Necesita hacerle saber a su familia que hay determinados tiempos en que ellos son la prioridad, pase lo que pase. No vulnere esta regla sino en casos realmente extremos, de lo contrario, su palabra irá perdiendo valor frente a sus hijos y, pronto, ellos empezarán a hacer planes sin usted. Luego, ¡no se queje!
  3. Usted es importante, no indispensable en la oficina. Aunque usted sea el mejor gerente del mundo, siempre podrá ser reemplazado. Sin embargo, el mejor padre o la mejor madre para sus hijos es usted. Esa es la única responsabilidad no delegable en la vida. En la oficina, siempre habrá un colega, un subordinado o alguien que lo pueda cubrir; en casa no. Cuando no sepa qué hacer, recuerde cuáles son sus prioridades.
  4. Comparta sus desafíos empresariales con su familia. No se trata de llevar trabajo a la casa, sino de que su pareja e hijos sepan con claridad cuáles son sus responsabilidades en la organización para que comprendan mejor ciertos contextos e, incluso, para que valoren el esfuerzo que usted hace para estar con ellos en medio de sus múltiples ocupaciones.
  5. Aproveche sus viajes. Es usual que los ejecutivos viajen mucho. Cuando le sea posible, vaya con alguien de su familia y quédese unos días adicionales por turismo. Si esto no es viable, al menos llámelos aprovechando alguna plataforma tecnológica de videoconferencia para hacer más sobrellevable la distancia. Recuerde, también, que llevar un pequeño recuerdo del viaje es siempre un detalle apreciado.

La empresa y la familia no son ámbitos excluyentes, sino complementarios. Es un balance que implica esfuerzo, pero es posible. Lo importante es desechar la famosa y trillada idea del ‘tiempo de calidad’. “Las cosas ocurren cuando ocurren, no cuando usted tiene tiempo”. No se engañe. Pase tiempo con su familia, no vale la pena ser la persona más rica del cementerio. Para ser buenos empresarios, también debemos ser buenos padres y esposos. Equilibrio, ésa es la clave.

 

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