Competitividad seguimos en la retaguardia

Si bien, la competitividad de un país o región depende de muchos factores y de muchos actores.Es claro  que quienes interactúan en los mercados son las empresas, por lo tanto, la capacidad que tengan las   compañías de generar producción, trabajo y bienestar es clave al momento de determinar el nivel de  competitividad de un país. Sin embargo hay tres pilares a considerar para impulsar la competitividad de  los países:

• La competitividad es un fenómeno tan complejo que requiere del trabajo conjunto del sector público y  privado.

• Las condiciones macro son importantes pero no son suficientes para garantizar mejoras en los niveles  de competitividad.

• El papel de los empresarios es fundamental para alcanzar estándares de calidad no sólo nacional sino  internacional

En el caso de América Latina, es preocupante que los países hayan obtenido mayoritariamente una mala valoración en el último Reporte Global de Competitividad; no sólo porque demuestra la fragilidad de   nuestras economías, sino porque también afecta a la gobernabilidad de nuestros países.

15 países sobre un total de 18, empeoraron su clasificación respecto al año anterior; Chile, México y  Honduras son los únicos que ascienden en el último ranking. De ellos, Chile es, de forma destacada, el país latinoamericano con un mayor grado de competitividad, en el puesto 26 del ranking mundial. Pero, ¿Qué refleja esta posición? Que las reformas iniciadas a mediados de los 70, profundizadas en los 80 y  mantenidas tras el retorno a la democracia en los 90 hasta el presente, hacen de esta nación, un país en donde las instituciones han echado raíces, son sólidas y funcionan con un nivel de transparencia  aceptable. Al mismo tiempo, se ha aumentado la apertura al exterior, reforzando su presencia en mercados eficientes y relativamente libres.

El país con peor clasificación es Paraguay (en el puesto 121). Le acompañan en los últimos puestos de la clasificación latinoamericana Nicaragua, Bolivia y, lamentablemente, Ecuador. (Cuadro 1)

La débil competitividad ecuatoriana

En el último reporte del WEF (por sus siglas en Inglés), el Ecuador se ubicó en el puesto 103 de 131 países evaluados. Esto pone en evidencia la mala calidad del desempeño tanto del sector público como del   privado y los resultados nos presentan como un país altamente ineficiente.

No somos competitivos porque los pilares de crecimiento no han sido fortalecidos, pues tenemos  instituciones públicas débiles y vamos a la saga en términos de avance y adopción tecnológica, y el nivel de sofisticación de las prácticas operativas y estratégicas de las empresas es uno de los más bajos del  mundo.

Por ello, la competitividad del Ecuador nunca ha sido muy elevada y durante los últimos años ha ido empeorando significativamente (gráfico 1). Las causas de esta pérdida de competitividad se encuentran en los problemas políticos y sociales que durante los últimos años han envuelto al país en un clima de elevada conflictividad; en el funcionamiento ineficiente de la administración pública; y en la ausencia de un marco mínimo de seguridad jurídica que permita una definición más precisa y estable de los derechos de propiedad y de los ámbitos de intervención estatal.

Existen una serie de aspectos que nos han afectado, principalmente la permanente inestabilidad política, la inseguridad jurídica y la corrupción, factores que unidos a una precaria infraestructura, a una carencia de institucionalidad y a una limitada tecnología han erosionado nuestra imagen y nivel de competitividad.

Así, la competitividad del país se ve condicionada, principalmente, por la carencia de institucionalidad. La inestabilidad política, frena los procesos de construcción de una política económica que genere  confianza en el conjunto de actores empresariales. Y, la competitividad de las empresas no sólo depende de las dotaciones de recursos productivos del país, sino también de la eficiencia con la que son utilizados y de las percepciones de credibilidad y estabilidad a largo plazo. Factores que dependen en gran medida de la fortaleza institucional del país.

De acuerdo al Foro Económico Mundial, la única ventaja competitiva que presenta el Ecuador está en la estabilidad macroeconómica (puesto 27). En cambio, las desventajas están en las instituciones, en la infraestructura, en salud y educación primaria, educación superior y capacitación, en la eficiencia del mercado, rapidez en la adopción de nuevas tecnologías, la sofisticación de empresas e innovación. (Cuadro 2)

Tomando en cuenta el escenario dinámico y cambiante, el rol que cada uno de los actores de la economía ejecute en pro de la competitividad es de suma importancia. Así, el Estado y las empresas, actuando de forma cohesionada y eficiente, deben identificar espacios de desarrollo de competitividad, fijándose políticas de Estado que promuevan la misma. En este sentido, una estrategia de país más amplia resulta necesaria para impulsar un proceso de transformación empresarial hacia una mayor eficiencia y modernización. No hay que olvidar que la competitividad exige un marco de libertad económica que fomente la libre concurrencia y estimule la inversión y la creatividad. Sin embargo, la fuerte intervención y la ausencia de una adecuada planificación hacen que el marco regulador de la actividad económica resulte más un lastre que un impulso al desarrollo económico.

El puesto alcanzado en este último reporte debe generar preocupación en todos los sectores del país,  tanto a nivel público como privado. Hay mucho por hacer, y sin embargo, año tras año vamos hacia atrás.

El Estado y las empresas, actuando de forma cohesionada y eficiente, deben identificar espacios de desarrollo de competitividad, fijándose políticas de Estado que promuevan la misma.

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