En ciudades en las que vivimos, nos vemos rodeados por un entorno de trabajo sin precedentes, debido al ritmo frenético y a la energía creativa que debemos desprender. En estas circunstancias, ¿cómo crear un entorno de trabajo saludable?Las empresas y los investigadores están cada vez más preocupados por esta cuestión. Un informe publicado recientemente por la American Heart Association (AHA) señala que 864.000 estadounidenses mueren cada año por enfermedades cardiovasculares, constituyendo en la actualidad la principal causa de defunción del país. Estas enfermedades están estrechamente vinculadas al estrés laboral que, según datos de la AHA, afecta al 25% de las mujeres y al 18% de los hombres, en todo el mundo.

Por ello, el informe de la AHA titulado "Los beneficios sociales de una población ocupada saludable se extienden más allá del lugar de trabajo" recoge cómo la implantación de programas de bienestar en el trabajo pueden incrementar el nivel de salud de los empleados y, por lo tanto, de la sociedad en general.

Bienestar y satisfacción vital

En la última década, los investigadores han llegado a la conclusión de que las enfermedades modernas ya no están tan relacionadas con los virus y las bacterias como con el trabajo y el estilo de vida. De hecho, las enfermedades coronarias, por ejemplo, se han vinculado de forma clara a ciertos patrones de comportamiento. Por otra parte, las principales razones de absentismo laboral son el dolor de espalda y el estrés, que están relacionados directamente con la presión y los hábitos diarios en el lugar de trabajo.

Así, y aunque pudiera parecer contradictorio, unos mayores ingresos no garantizan menos problemas de salud relacionados con el estrés. Si bien es cierto que con más dinero puedes permitirte un seguro médico mejor, buenos médicos o comer alimentos de mayor calidad, la correlación entre los niveles de salud y los ingresos son sorprendentemente bajos.

¿Qué influye entonces en la salud de las personas? Sencillamente, la forma de trabajar y la manera de ver el mundo. Por ello, es importante destacar que existen varios factores que tienen un impacto directo en la felicidad y el bienestar en general. El primero es una vida agradable. En este sentido, tener un trabajo interesante o una relación satisfactoria es útil. Pero estos factores pueden ser temporales, en el momento en el que emerja el conflicto o la situación positiva termine, la satisfacción puede desaparecer.

La estabilidad del bienestar se alcanza, en mayor medida, a través de una vida "comprometida" y "con sentido". Esto significa tener un trabajo o algún tipo de actividad externa en la que se disfrute a fondo, y que esté vinculado, de alguna manera, a las fortalezas y los talentos que uno tiene. Una vida "con sentido" implica tener un trabajo que vaya más allá de lo interesante y contribuya directamente con aquello que uno cree que es importante. Sin duda, una de las principales recompensas de disfrutar una vida "con sentido" es que se está más preparado para sortear los obstáculos, particularmente aquellos que perturban el equilibrio personal.

Los avances científicos han demostrado de forma clara la relación existente entre el bienestar físico y el psicológico. En este sentido, uno de los casos que mejor lo demuestra es la enfermedad coronaria, la segunda causa de muerte a nivel mundial. Los sentimientos de hostilidad o impaciencia hacia el entorno, que incluyen "encenderse" con facilidad y enfadarse rápidamente ante la percepción de incompetencia o lentitud de la gente que nos rodea, son factores de riesgo para la enfermedad coronaria y los ataques al corazón.

La solución: un nuevo estilo de liderazgo

Un paso importante para mejorar el bienestar en el lugar de trabajo es tratar a los profesionales como personas en el sentido más amplio de la palabra, y no estrictamente como empleados. Ello significa, por ejemplo, verlos como personas que también tienen familias, objetivos y ambiciones. A raíz de esta refl exión, los líderes deben centrarse en ayudar a los empleados en su desarrollo personal. Esto implica ir más allá del establecimiento de objetivos, comprobar si éstos se cumplen y recompensar o degradar a una persona basándose en los resultados logrados. Para ello, se ha de dejar atrás el estilo autocrítico de liderazgo que no tiene en cuenta los aspectos humanos de las personas con las que trabajamos. Se trata de preguntarse cómo ayudar a las personas a desarrollarlas competencias que necesitan, no sólo para cumplir sus objetivos, sino también que estén realmente satisfechos en el trabajo y sean así más eficientes.

Sin duda, el desarrollo de un programa de bienestar en el trabajo puede ser un componente crítico del proceso. De hecho, dado que requieren recursos y tiempo, estos programas son particularmente difíciles de implantar en las pequeñas empresas. Sin embargo, poseen un historial suficientemente probado de reducción de enfermedades cardiovasculares y son una oportunidad ideal para ayudar a mejorar la salud del mundo en general.

Finalmente, la AHA, en su informe, ofrece una serie de recomendaciones específicas para establecer este tipo de programas entre las que se incluyen la creación de un entorno social y físico que favorezca los comportamientos saludables, incentivos para aquellos que modifican su estilo devida y el hecho de tener siempre en cuenta las características propias de la gran diversidad actual de los trabajadores.

Además, el informe insta a las empresas a que ayuden a las familias trabajadoras, tanto en su equilibrio entre el trabajo y los compromisos familiares, como en la adopción de medidas relativas al cuidado de los niños, los ancianos o las personas dependientes, el teletrabajo y los horarios laborales flexibles.

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